
¿El aceite de cocina usado puede transformarse en energía limpia? La respuesta es sí. En lugar de desecharlo por las cañerías, lo que contamina suelos, ríos y sistemas cloacales, una campaña nacional invita a reciclarlo para convertirlo en biocombustible. Se trata de “Reciclá tu Aceite”, una iniciativa que ya llegó a 15 provincias y que permite a hogares y comercios gastronómicos sumarse a un modelo de economía circular.
Cada año, en Argentina se generan más de 100 millones de litros de aceite vegetal usado, y gran parte de ese residuo termina contaminando el ambiente por una gestión inadecuada. Sin embargo, desde 2017, la empresa DH-SH, con sede en Capitán Bermúdez (Santa Fe), recolecta y transforma ese aceite en biodiésel, un combustible alternativo, renovable y menos contaminante que los fósiles.
Esta acción cobra especial relevancia en la antesala del Día Mundial del Reciclaje, que se celebra el 17 de mayo por iniciativa de la UNESCO, para concientizar sobre la correcta gestión de residuos. La propuesta de DH-SH no solo apunta a reducir el impacto ambiental del aceite, sino también a impulsar un cambio cultural en torno al reciclaje.
La campaña se articula con municipios, escuelas y empresas mediante tres ejes: la recolección en locales gastronómicos, puntos verdes para domicilios particulares, y un Programa de Educación Ambiental dirigido a instituciones educativas.
Reciclar el aceite usado, una acción simple con gran impacto ambiental
“Reciclar el aceite de cocina es transformar un residuo contaminante en una fuente de energía limpia”, señala Antonella Druetta, responsable de Sustentabilidad de DH-SH. En un país cuya matriz energética depende en un 90 % de combustibles fósiles, sumar biocombustibles —que hoy representan apenas el 4,7 %— es vital, según datos de la OIT.
Participar es fácil: solo hay que dejar enfriar el aceite usado, verterlo en una botella plástica limpia y cerrarla bien. Luego, llevarla al punto verde más cercano. Las comunas adheridas informan en sus canales oficiales dónde están ubicados. También podés buscarlos en línea.
“Cuando una comunidad se compromete, el impacto es doble: se evita la contaminación y se genera conciencia sobre el reciclaje”, destaca Sebastián Soso, responsable de Comunicación de la empresa. Además, se impulsa una cadena de valor que comienza en casa y culmina con la producción de energía limpia.
Educación, conciencia y una red nacional
Un componente clave del proyecto es la educación. El Programa de Educación Ambiental de DH-SH ya alcanzó a más de 5.000 estudiantes de 10 provincias, con contenidos digitales, charlas y hasta un corto animado protagonizado por los “Pequeños Grandes Recicladores”, superhéroes que enseñan a los más chicos a cuidar el planeta.
Desde 2017, se recolectaron más de 33.500 toneladas de aceite, evitando la contaminación de casi 37 millones de metros cúbicos de agua —el equivalente a 14.500 piletas olímpicas—, según el Segundo Reporte de Sustentabilidad de la empresa. Un solo litro de aceite puede contaminar hasta mil litros de agua, por lo que su correcta recolección representa un aporte concreto a la salud ambiental y pública.
La reutilización del aceite también reduce costos de mantenimiento en redes cloacales e infraestructura sanitaria, y fortalece la economía regional al generar empleo directo e indirecto en plantas de tratamiento, logística y empresas asociadas.
Reconocimiento a una práctica sustentable
Por su impacto positivo, la campaña fue distinguida con uno de los Premios Obrar Federal 2024 del Consejo Publicitario Argentino. También forma parte del Pacto Global de Naciones Unidas, que busca promover acciones concretas para la regeneración del planeta.
“Los niños y adolescentes son los agentes de cambio del futuro. Por eso, la educación ambiental es una parte esencial de nuestra estrategia”, concluye Soso. La propuesta de DH-SH demuestra que con un simple gesto cotidiano se puede cuidar el agua, generar energía limpia y fomentar una cultura ambiental sólida en todo el país.
En tiempos de crisis climática, reciclar aceite es mucho más que una práctica doméstica: es una forma de contribuir activamente a un futuro más sostenible.
Del sartén a la innovación: qué hacer con el aceite usado
Aunque suele terminar en la pileta de la cocina, el aceite vegetal usado tiene múltiples destinos posibles que evitan la contaminación y generan valor. Lejos de ser un simple residuo, puede transformarse en insumo para diversos productos sostenibles y procesos industriales.
El destino más conocido es su conversión en biodiésel, un combustible alternativo que emite menos gases contaminantes y es apto para maquinaria agrícola, transporte y generación eléctrica. Pero no es el único. También se utiliza en la fabricación de jabones artesanales, velas ecológicas, ceras, detergentes, lubricantes industriales y hasta en la elaboración de piensos para animales, una vez tratado y purificado bajo normas específicas.
Además, el aceite usado puede ser materia prima para proyectos de biofabricación, donde se lo transforma en polímeros biodegradables y otros compuestos aplicables en la industria química o cosmética.
Reciclar este residuo evita que un solo litro contamine hasta mil litros de agua y permite insertarlo en una cadena de valor circular que promueve empleo, innovación y protección ambiental. Lo importante es no descartarlo por el desagüe, sino almacenarlo correctamente y llevarlo a un punto de recolección autorizado, donde pueda tener una segunda vida útil.
