El precio de los combustibles volvió a moverse con fuerza en marzo y en el sector ya advierten que podrían venir nuevos aumentos en los surtidores si se mantiene la tensión internacional sobre el mercado del petróleo. En distintos puntos del país, naftas y gasoil acumulan incrementos que rondan entre el 9% y el 10% en lo que va del mes, con diferencias según la marca, la zona y el tipo de producto.

La presión llegó desde el exterior. La escalada del conflicto en Medio Oriente empujó al crudo a valores superiores a los 100 dólares por barril y eso empezó a impactar de lleno en el mercado local. Aunque las petroleras aplicaron aumentos parciales, distintas voces del sector sostienen que todavía existe un desfase entre los valores internos y los internacionales, por lo que no descartan más correcciones en el corto plazo.
En ese escenario, el encarecimiento de la nafta y el gasoil vuelve a encender una alarma sobre la inflación. Analistas económicos remarcan que cada ajuste en los combustibles se traslada rápidamente a otros rubros, ya sea por el costo del transporte, la logística o el impacto indirecto sobre la cadena comercial. Por eso, las subas de marzo ya generan preocupación en un mes que sigue bajo presión por los precios.
Desde YPF, su presidente Horacio Marín sostuvo días atrás que la petrolera procura trasladar “lo mínimo” posible al consumidor frente al salto del petróleo, aunque reconoció que el movimiento internacional afecta los costos de la compañía. Mientras tanto, en el resto del mercado crece la expectativa de nuevos reajustes si el barril no cede en las próximas semanas.
Así, los combustibles se consolidan otra vez como uno de los focos sensibles de la economía argentina: cada suba golpea el bolsillo de quienes cargan todos los días, pero también repercute sobre precios, consumo y actividad en general. Con el crudo todavía en niveles elevados, el panorama inmediato no muestra alivio.
