Un hombre de 44 años, oriundo de Entre Ríos, fue encontrado sin vida en su departamento y la investigación quedó atravesada por un dato inquietante: en la vivienda había más de 50 ampollas de propofol, un sedante de uso hospitalario. El caso volvió a encender la alarma por el posible desvío y consumo ilegal de este tipo de sustancias en fiestas clandestinas conocidas como “propofest”.

De acuerdo con los primeros datos de la causa, fueron sus familiares quienes lo hallaron muerto luego de varios días sin contacto. En la escena también detectaron signos compatibles con posibles inyecciones en sus brazos, por lo que los investigadores intentan reconstruir qué ocurrió, si hubo otras personas en el lugar y si la víctima mantenía algún tipo de vínculo con estas reuniones privadas bajo la lupa judicial. El episodio, además, remite a otro antecedente reciente: la muerte de un joven anestesiólogo en Palermo, en un expediente que también puso el foco sobre el uso indebido de drogas médicas de acceso restringido.
