
La Universidad Nacional de La Plata comienza sul segundo día de una nueva semana de paro docente, una medida nacional que comenzó el lunes y se extenderá hasta el sábado 2 de mayo, en reclamo de mejoras salariales y por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario.
En La Plata, el impacto volvió a sentirse con fuerza en los colegios de pregrado, donde la adhesión fue total y no hubo clases en los niveles inicial, primario y secundario. La situación afectó a establecimientos como la Escuela Graduada “Joaquín V. González” —conocida como Anexa—, el Colegio Nacional, el Liceo Víctor Mercante y el Bachillerato de Bellas Artes, que permanecieron sin actividad académica.
El panorama fue distinto en buena parte de las facultades, donde el acatamiento resultó dispar y, en varios casos, bajo. Si bien algunas cátedras suspendieron sus clases, otras mantuvieron la actividad con normalidad o recurrieron a encuentros virtuales para sostener la continuidad de las cursadas.
De acuerdo a lo relevado, hubo clases en distintas unidades académicas, entre ellas Medicina, Informática, Económicas, Derecho, Ciencias Sociales y sectores de Odontología, donde además el hospital universitario funcionó con normalidad. Si bien la actividad no fue plena en todos los casos, en casi todas las facultades se registraron clases o instancias académicas.
En ese marco, docentes universitarios consultados por este medio coincidieron en la necesidad de que el Gobierno cumpla con la Ley de Financiamiento Universitario y mejore los salarios del sector, aunque también marcaron diferencias respecto a la continuidad de los paros. “Necesitamos que el Gobierno cumpla la ley y necesitamos recomponer nuestros ingresos, pero hacer paro claramente no es el camino. El Gobierno no escucha y los únicos perjudicados terminan siendo los estudiantes”, señalaron.
En la misma línea, otros profesores remarcaron que, en un contexto complejo para el país, la universidad no puede quedar paralizada. “En una Argentina donde no solo la educación está en riesgo, no podemos darnos el lujo de dejar de educar a nuestros jóvenes”, expresaron.
El conflicto universitario ya acumula más de 20 jornadas de lucha en lo que va del ciclo lectivo, entre medidas impulsadas por docentes y nodocentes. Esa continuidad de paros y suspensiones genera preocupación entre los alumnos, que advierten sobre cursadas irregulares, pérdida de contenidos y dificultades para sostener el calendario académico.
La incertidumbre se profundiza especialmente entre quienes recién ingresan a la universidad y tuvieron pocas semanas de clases, pero también alcanza a estudiantes avanzados, que comienzan a notar un desgaste por la falta de regularidad. Mientras tanto, el reclamo salarial y la exigencia por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario mantienen abierto un conflicto que sigue impactando de manera desigual en la vida académica de la UNLP.
