Brindan recomendaciones para evitar desbordes en los UPD «Último Primer Día» de clases

Desde hace algunos años, el último primer día de clases (U.P.D.) se instaló como un ritual entre los adolescentes que comienzan el último año de secundaria. Lo que representa una preocupación de este ritual es que se focaliza, principalmente, en el consumo excesivo de alcohol que se da la noche anterior al comienzo del ciclo lectivo.

Esta situación nos lleva a reflexionar acerca de las motivaciones de este tipo de consumo y nos invita a encontrar la forma de trabajar de manera conjunta entre adultos y adolescentes para poder generar una práctica saludable que no se contraponga con lo que desean los jóvenes, y al mismo tiempo genere hábitos de cuidado entre pares.

El UPD se instaló como un ritual entre las chicas y los chicos que inician su último año de secundaria; y representa una preocupación para los adultos ya que se encuentra atravesado centralmente por un consumo excesivo de alcohol en la noche anterior.

En este sentido, el organismo desarrolló este material preventivo para trabajar en los espacios que integran la Red Federal de la Sedronar, áreas de juventud y educación, y referentes comunitarios y territoriales.

Algunas de las recomendaciones para los adultos son: “realizar un mapeo de cuáles son los espacios públicos de encuentro con los que cuentan los y las jóvenes para realizar actividades en su comunidad; evaluar si son espacios de cuidado o presentan riesgos para ellos».

También «estar presentes el día de la celebración del UPD para poder garantizar la disponibilidad de recursos de salud, ubicar gazebos o «puestos» con referentes comunitarios y educativos que dispongan de agua, comida y golosinas en los lugares de encuentro de los y las jóvenes”, detalla el documento.

Asimismo, se recomienda que en caso de encontrarse con jóvenes en situación de consumo excesivo de alcohol, “se deberá llamar al número de emergencias local si presentan signos de intoxicación; no dejarlos solos ni solas y contactar con los adultos responsables, más aún, si son menores de 18 años.

Cómo cuidar y acompañar a nuestros jóvenes

¿Cuál es la relación entre el consumo de alcohol y la cultura social? Como primera respuesta, diremos que no existe una cultura del consumo diferenciada de una cultura social. Las formas del consumo en nuestra sociedad tienen que ver con un proceso cultural que es histórico y el consumo de bebidas alcohólicas no escapa a esta regla: lo que tomamos y la forma en que tomamos es algo que fuimos construyendo social e históricamente. Así llegamos a la actualidad donde el alcohol, en tanto droga legal, es la que más se consume.

En nuestra cultura el alcohol está incorporado socialmente como parte insustituible en situaciones de encuentro o festejo. El brindis con bebidas alcohólicas es parte del ritual en las celebraciones familiares. Asimismo, el vino y la cerveza fueron adoptados como acompañamiento de las comidas. Estas formas de consumo están tan incorporadas a nuestras costumbres y hábitos cotidianos que hacen que resulte difícil advertir cuándo el consumo se torna problemático. La naturalización del consumo de alcohol en nuestra sociedad hace que se vuelva muy difícil considerarlo como una droga y advertir lo peligroso que resulta para la salud. Por eso, es importante compartir con las y los adolescentes información científicamente validada, actualizada y acorde. Todo consumo de alcohol en menores de 18 años se considera un consumo de riesgo. Es decir, no existe un nivel de consumo de alcohol que se considere “saludable” o libre de riesgos, porque el cuerpo está en crecimiento y es más vulnerable a los efectos: perturba la atención y concentración, baja la capacidad física y aumenta el riesgo de lesiones en la práctica de deportes. Las y los adolescentes instalaron el Último Primer Día dentro de la escuela, también como un modo de desafiar la autoridad y los límites institucionalizados. Es importante destacar que no estamos cuestionando la existencia de rituales ni celebraciones en la juventud, sino que nos preocupa que estén centrados únicamente en el consumo de alcohol. Por lo tanto, es fundamental que los adultos podamos pensar y reflexionar sobre los espacios que la escuela propone para atravesar estos momentos significativos de la adolescencia. Es fundamental poder proponer entre todas y todos nuevos sentidos a esos momentos, abriendo el espacio de la escuela a todos los adultos de la comunidad y problematizando lo que allí sucede. Pero también construir acuerdos para cuidar a las y los jóvenes y no dejarlos solos con el consumo ni con lo que creen del consumo.

Último Primer Día: Cómo cuidamos a nuestros jóvenes

Recomendaciones para el último primer día de clases:

  • Pensar y problematizar desde la escuela el rol de los adultos en estos eventos: trabajar articuladamente con las familias y adultos de la comunidad para generar acuerdos y prácticas de contención y cuidado para este evento. Se trata de alojar y contener a las y los jóvenes y no de dejarlos solas/os.
  • Tener en cuenta el lugar que ocupan los rituales y las celebraciones en las juventudes y en la sociedad en general. Hablamos aquí de caracterizar estas prácticas, problematizarlas y promover prácticas más saludables y no de anularlas o prohibirlas. En este sentido, es importante incluir a toda la comunidad educativa, en el desarrollo de estrategias preventivas y de cuidado.
  • Diseñar anticipadamente desde la escuela propuestas para este evento e incluirlas en la planificación anual de la institución. Puede trabajarse aquí sobre los acuerdos institucionales de convivencia construidos conjuntamente entre toda la comunidad educativa, de modo que se reafirme la responsabilidad colectiva en torno a las prácticas de cuidado para este día.
  • Brindar información científicamente validada, actualizada y acorde a fin de problematizar el consumo de alcohol y sus consecuencias físicas y sociales.
  • Trabajar y promover, desde la escuela, prácticas de cuidado entre pares de manera transversal. Y comenzar a pensar los festejos del Último Primer Día desde el año anterior en conjunto con las y los estudiantes.
  • Potenciar los espacios de participación que las y los jóvenes ya tienen en la institución escolar (por ejemplo, el Centro de Estudiantes), incluyéndolos en la planificación y armado de este día (horario de ingreso, permanencia en la escuela, actividades, etc.).
  • En el caso de aquellas y aquellos estudiantes que no puedan sostener la jornada ese día en la escuela, puede acordarse que no asistan, pero que las familias, las escuelas y la sociedad trabajen en articulación para garantizar los cuidados de esas y esos jóvenes. Y que, luego, se pueda reflexionar sobre estas situaciones en el ámbito escolar.
  • Buscar que las medidas que se tomen desde la escuela no sean únicamente prohibitivas o sancionatorias. Es importante que esto sea tomado como un hecho pedagógico y poder trabajarlo con las y los adolescentes para reflexionar críticamente sobre estas prácticas.