Mientras crece el escándalo en torno al caso Spagnuolo, el Gobierno intenta sostener el relato de que todo responde a una maniobra política. En paralelo, Karina Milei se mostró en La Matanza y Victoria Villarruel marcó distancia con un mensaje contundente.

Un acto en medio de la tormenta
Con una sonrisa y al ritmo de Callejeros, Karina Milei encabezó un acto en Villa Celina, La Matanza, frente a miles de fiscales libertarios. El encuentro, que se realizó en el Club Social Oasis, se mantuvo en reserva hasta último momento y tuvo como trasfondo el cimbronazo político que generaron los audios donde Diego Spagnuolo —ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS)— habla de supuestas coimas que involucran a la propia secretaria general de la Presidencia, a Eduardo “Lule” Menem, a Daniel Garbellini y a la droguería Suizo Argentina.
La difusión de esas grabaciones desató una crisis que obligó al Gobierno a desplazar rápidamente a Spagnuolo y a Garbellini. Para la Rosada, se trata de una “operación” en plena campaña electoral.

La versión del oficialismo
El juez Sebastián Casanello y el fiscal Franco Picardi tienen a su cargo la investigación. En el Gobierno, sin embargo, reforzaron la idea de un complot: remarcan que Casanello fue criticado por la lentitud en causas ligadas al kirchnerismo y que Picardi trabajó bajo la órbita de Cristina Kirchner. Además, recuerdan que la denuncia la presentó Gregorio Dalbón, abogado de la expresidenta.
En ese marco, Karina Milei decidió ponerle el cuerpo al escándalo: en su aparición, evitó referencias directas pero dejó en claro que el oficialismo lee todo como un intento de debilitamiento político. En el mismo tono, dirigentes libertarios hablaron de “operaciones de inteligencia” y de un clima de desgaste permanente.
Internas y pases de factura
El episodio dejó al descubierto la feroz interna que atraviesa al oficialismo. La puja entre Santiago Caputo, Karina Milei y los Menem (Lule y Martín) se reavivó como explicación a la filtración de los audios. Otros dirigentes, como Lilia Lemoine, señalaron directamente a Pablo Toviggino —tesorero de la AFA y vinculado al streaming donde se difundieron las grabaciones— como responsable de la maniobra.
En paralelo, la fractura en Diputados sumó más tensión. El bloque “Coherencia”, armado por Carlos D’Alessandro junto a Marcela Pagano y otros legisladores, marcó distancia y golpeó al oficialismo en el debate por discapacidad, donde el gobierno perdió una votación clave.
Villarruel, en otra sintonía
En medio del clima enrarecido, Victoria Villarruel viajó a Chubut y, junto al gobernador Ignacio Torres, se desmarcó del escándalo. Desde allí lanzó un mensaje fuerte: “No soy una figura decorativa, cumplo el rol que me da la Constitución”. Una frase que volvió a dejar al descubierto las diferencias con Javier Milei, quien en otras ocasiones no dudó en cuestionarla duramente.
Un círculo que se cierra
Los teléfonos secuestrados en los allanamientos ya están en manos de la Justicia y se espera que dejen nueva información sobre la trama. El propio Spagnuolo, abogado y hombre de extrema confianza de Milei, aparece en los registros de ingresos frecuentes a Olivos. Ahora, sin embargo, el Presidente busca tomar distancia y blindarse de cualquier vínculo.
En la cima del poder libertario, las tensiones internas, las denuncias judiciales y la presión electoral confluyen en un mismo escenario. La pregunta que sobrevuela es inevitable: ¿hasta dónde puede resistir el blindaje en torno a Javier y Karina Milei antes de que el escándalo los alcance de lleno?
