Desbarataron una estafa virtual montada desde una cárcel: dos jueces fueron estafados por presos del penal de Magdalena

Una investigación judicial permitió desactivar una maniobra de estafas virtuales que funcionaba desde el interior de la Unidad 35 de Magdalena y que tuvo como víctimas a dos jueces de la Cámara de Apelaciones en lo Penal de San Isidro.

Según se pudo reconstruir, los detenidos operaban desde el pabellón 7 del penal, donde realizaban llamados telefónicos en serie durante gran parte del día para captar víctimas mediante distintos engaños. En uno de los casos lograron vulnerar la cuenta de WhatsApp de uno de los magistrados, mientras que con el otro intentaron repetir la misma maniobra.

La organización utilizaba distintas estrategias para avanzar con las estafas. En algunos casos se hacían pasar por empleados de una empresa de correo para avisar sobre una supuesta entrega; en otros, simulaban ser operadores de compañías telefónicas o incluso personal de soporte técnico de WhatsApp. El objetivo era siempre el mismo: conseguir códigos de verificación o datos que les permitieran tomar control de cuentas ajenas.

La pesquisa quedó a cargo de la Unidad Fiscal Especializada en la Investigación de Ciberdelitos de San Isidro y avanzó a partir del rastreo de líneas telefónicas, antenas e identificaciones técnicas de los equipos utilizados. De esa forma, los investigadores determinaron que las comunicaciones salían desde una antena ubicada frente al penal de Magdalena, con alcance sobre varias unidades penitenciarias de la zona.

Con esos elementos, la Justicia logró identificar a un interno señalado como referente de la maniobra y luego avanzó sobre otros dos presos que compartían el mismo espacio dentro del pabellón. Finalmente, se realizó un allanamiento en la Unidad 35, donde secuestraron seis teléfonos celulares, cargadores y una tarjeta SIM.

Los tres internos quedaron imputados en la causa, mientras que de las escuchas y pericias también surgieron otras posibles víctimas alcanzadas por la misma modalidad.

El caso volvió a dejar al descubierto cómo algunas bandas delictivas montan verdaderos call centers tumberos para cometer estafas virtuales desde el interior de unidades penitenciarias, usando identidades falsas y relatos armados para engañar a quienes atienden del otro lado del teléfono.