
La situación en la Escuela Anexa de La Plata atraviesa uno de sus momentos más delicados, con un clima de creciente tensión entre docentes y familias a raíz de la continuidad de las medidas de fuerza que vienen afectando el normal dictado de clases.
En el día de ayer, el conflicto volvió a escalar. Durante la jornada de ayer aparecieron pasacalles en las inmediaciones del establecimiento con la consigna “Basta de paros”, en los que además se impulsa una presentación judicial contra el Gobierno y la institución por la reiteración de las huelgas. La iniciativa refleja el malestar de un sector de padres que asegura estar cansado de la pérdida constante de días de clase.
En contrapartida, otro grupo de familias se manifestó en apoyo a los docentes y al derecho a huelga, llevando adelante un abrazo simbólico al colegio. De esta manera, la comunidad educativa quedó expuesta en una fuerte división, con posturas cada vez más enfrentadas.
En medio de este escenario, lo que se profundiza es la grieta entre padres: discusiones, cruces y opiniones que muchas veces no pueden expresarse sin generar conflictos. “Si no les gusta, cambien a sus hijos de escuela”, sostienen algunos. Del otro lado, también aparecen voces que apuntan contra los docentes y cuestionan su reclamo salarial, «Si nos les gusta, que cambien de trabajo».
Mientras tanto, los chicos continúan siendo los principales afectados, acumulando jornadas sin clases en un contexto que no encuentra una salida clara. “Acá todos estamos peleando por lo mismo”, expresó una madre en diálogo con este medio. “Ni queremos que los docentes pierdan derechos ni que nuestros hijos se queden sin educación. La solución la tiene el Gobierno, que tiene que cumplir la ley”.
Según remarcan, existe un amparo judicial vigente que obliga al cumplimiento de la Ley de financiamiento Universitario que de esa forma se garantizaría el dictado de clases, aunque no se estaría cumpliendo. En ese marco, crece la sensación de que el conflicto se prolonga sin respuestas concretas, mientras el malestar aumenta día a día.
Así, la comunidad educativa de la Anexa queda atrapada en una disputa que no logra resolverse, con docentes en lucha, familias divididas y alumnos que siguen perdiendo días de escuela. Para muchos, el saldo es claro: en medio de la confrontación, quienes terminan pagando las consecuencias son los chicos ante un gobierno que poco le importan.
