El endeudamiento de las familias argentinas se profundiza y ya muestra señales alarmantes: cada vez más personas recurren a tarjetas de crédito y préstamos para sostener el consumo, mientras aumentan los atrasos en los pagos y se complica la economía doméstica.

Según datos recientes del Banco Central, la morosidad en los créditos a familias alcanzó el 11,2%, el nivel más alto en más de dos décadas, tras casi cuadruplicarse en el último año.
El deterioro es especialmente fuerte en los préstamos personales y en las tarjetas de crédito, donde los atrasos superan el 11% y continúan en alza. En el caso de los créditos personales, la mora llegó a rozar el 13,8%, mientras que en tarjetas trepó al 11,6%, reflejando dificultades crecientes para cumplir con las cuotas.
El fenómeno se explica por una combinación de factores: salarios que no logran acompañar el costo de vida, tasas de interés elevadas y un mayor uso del crédito para cubrir gastos cotidianos. Hoy, más del 55% de los hogares tiene algún tipo de deuda bancaria, lo que muestra la magnitud del problema.
Además, especialistas advierten que muchas familias están utilizando el pago mínimo de la tarjeta como mecanismo para sostener el consumo, lo que genera una acumulación de intereses y agrava el endeudamiento en el mediano plazo.
En paralelo, el crédito creció con fuerza en los últimos años, pero ese acceso también vino acompañado de un aumento en la mora. El total de préstamos se expandió, pero cada vez más hogares tienen dificultades para sostener los pagos en tiempo y forma.
El escenario abre interrogantes hacia adelante. Analistas coinciden en que, si no mejora el poder adquisitivo o bajan las tasas, la presión sobre las familias podría seguir aumentando, con más argentinos atrapados en una dinámica de deuda difícil de revertir.
