Un episodio de una crueldad difícil de entender tuvo lugar en las últimas horas en el barrio porteño de Flores, donde un jubilado de 78 años y su hija fueron atacados por una banda de delincuentes que los asaltó cuando llegaban a su casa.

El hecho ocurrió sobre la calle Portela al 690 y quedó registrado por cámaras de seguridad. Las imágenes muestran con claridad cómo cuatro ladrones aprovecharon la lentitud del hombre, que caminaba con dificultad, para abordarlos violentamente y robarles el auto en el que se habían movilizado.
La mujer, que iba algunos pasos por delante, se detuvo para esperar a su padre, recién operado de un riñón. Fue en ese momento en que los delincuentes actuaron: la redujeron primero a ella, y cuando el jubilado intentó defenderla con un paraguas, lo sujetaron del cuello, lo tiraron al piso y le taparon la boca para evitar que pidiera ayuda.
“Déjame el viejo, ándate”, suplicó la hija entre forcejeos, mientras trataban de protegerse mutuamente de una agresión brutal y absolutamente injustificada. Los atacantes se llevaron el Renault Kwid rojo, un teléfono celular y hasta el paraguas con el que el hombre intentó defenderse.
La esposa del jubilado, que escuchó los gritos desde adentro de la casa, activó la alarma vecinal, pero los delincuentes ya se habían fugado.
A pesar del violento ataque, el hombre no sufrió heridas graves, aunque quedó muy golpeado. Su hija, en tanto, todavía se recupera de los golpes. Nadie merece ser víctima de semejante cobardía, mucho menos dos personas mayores que apenas podían caminar.
La investigación continúa, mientras los vecinos reclaman más seguridad y justicia. Porque robarle a dos abuelos no es sólo un delito: es una bajeza absoluta.
