
Una mujer cuya madre fue asesinada por la última dictadura cívico-militar y que junto a sus dos hermanos sufrió la usurpación de identidades y el alojamiento en un hogar donde fueron víctimas de malos tratos y abusos sexuales, declaró hoy en el juicio al represor Miguel Etchecolatz y otro expolicía y, tras reclamar justicia, pidió saber dónde están los restos de su progenitora.
Se trata de María Esther Ramírez, hija de Vicenta Orrego Meza, quien fue asesinada en un operativo represivo en 1977, tras lo cual María Esther, de 4 años, y sus hermanos Carlos, de 6, y Mariano, de 2, fueron alojados en el Hogar Belén, donde se les sustrajo la identidad y sufrieron golpizas, abusos sexuales y violaciones.
La mujer declaró hoy ante el Tribunal Oral Criminal 1 de La Plata, que a principios de marzo comenzó el juicio unificado que investiga el operativo represivo de marzo de 1977, en Almirante Brown, donde fueron asesinadas Vicenta Orrego Meza y otras víctimas y, por otro, juzgará lo ocurrido con los tres hijos de Vicenta, a quienes se retuvo, se ocultó su identidad y se abusó sexualmente en un hogar para niños de Banfield.
Por los crímenes de Vicenta y de otras cuatro personas están imputados Etchecolatz, Juan Miguel Wolk, Roberto Guillermo Catinari, Héctor Raúl Francescangeli, Armando Antonio Calabró, José Augusto López y Rubén Carlos Chávez y el exministro de Gobierno Jaime Lamont Smart.
En tanto, Nora Pellicier es juzgada por los hechos acaecidos en el Hogar de Belén entre el 21 de marzo de 1977 y el 26 de diciembre de 1983, donde se produjeron violaciones sexuales, golpizas, abusos y retención y ocultamiento de la identidad de los hermanos Carlos, María Ester y Mariano Ramírez, hijos de Vicenta.
Los delitos por los que comenzaron a ser juzgados son homicidio agravado por haberse cometido con ensañamiento, alevosía y por la utilización de medios idóneos para crear un peligro común y con el concurso premeditado de más de dos personas y violación y abuso sexual, retención y ocultamiento de menores de 10 años y alteración y supresión del estado civil de menores.
«Busco justicia. Es un día muy especial hoy. Al fin llegó el juicio. Quiero hablar ante la justicia y poner luz en ese infierno. ¿Cómo pude sobrevivir a ese infierno? Gracias a mi mamá Vicenta, que fue mi ángel y siempre estuvo y me calmaba los dolores que me causaban Manuel y Dominga (Maciel los encargados del hogar Belén). Esto duró 7 años, más de 2 mil días. Era una vida cotidiana de siempre estar torturándonos», comenzó a relatar María Esther.
Recordó que al principio, cuando era golpeada, «les preguntaba qué había hecho para que me castigaran. Y me decían que eramos ‘hijos del diablo’. Con mucho odio me decían que no íbamos a quedar con nuestros padres».
«Los recuerdos de mi niñez eran de amor, recuerdo que mis padres me querían mucho y éramos felices. Y todos esos recuerdos se quedaron dentro mío, como un diamante que nunca lo pudieron sacar», afirmó. Agregó que «mi mamá era mi ángel. Siempre aparecía cuando me torturaban, cuando no podía caminar por el dolor insoportable. Mi madre era una mujer cariñosa, de un amor sin límites, y gracias a esos recuerdos pude diferenciar lo que era el amor de ese infierno».
Destacó que su madre «nunca nos abandonó, como nos decían en el Hogar; recuerdo bien lo que pasó el 14 de marzo de 1977», en alusión al operativo donde las fuerzas militares rodearon la casa donde estaban Vicenta, sus hijos y otros militantes políticos.
La mujer relató que tras ponerlos a salvo haciéndolos salir por una ventana, Vicente les pidió que se cuidaran entre ellos y los abrazó. Jamás volvieron a verla. En el Hogar Belén, María Esther y sus hermanos sufrieron feroces golpizas con garrotes, perchas y puños, abusos sexuales y violaciones.
«La Iglesia de Banfield sabía lo que pasaba en el Hogar Belén. Los Maciel nos bautizaron, nos cambiaron el apellido. Eramos todos Maciel. Un día pedí ayuda a un cura gordo, le dije que me ayudara que allí me violaban. Y el cura tomó un teléfono y les avisó. Ya podrán imaginar lo que me hizo Manuel. La iglesia estaba comprometida en eso», insistió la mujer.
María Esther afirmó que «yo salí cenizas de ahí. Cuando a los 7 años me violó Manuel me advirtió que no tenia que decir nada y que si quedaba embarazada debía decir que había sido otro chico. Y yo le dije que no iba a mentir. Y me llevó a una habitación, abrió un ropero lleno de armas y me dijo cómo quería morir. Tomó un revólver y gatilló».
La mujer reclamó saber dónde está el cuerpo de su madre, ya que «quisiera llevarle unas flores, tomar unos mates y decirle cuánto la quiero», y también pidió que el Hogar Belén sea cerrado y señalizado como excentro clandestino de detención.
Semanas atrás declararon los dos hermanos de María Esther y relataron los padecimientos sufridos en el Hogar Belén.
«Son cosas que no se borran de la cabeza, quedan adentro. ¿Cómo le comenta esto a un hijo? El ataque del 14 lo puedo comentar tranquilamente, los abusos no. Yo no vengo por revancha ni nada,solo quiero justicia por los daños que cometieron contra nosotros», pidió Carlos.
Y Mariano dijo que «lo único que quiero es saber qué pasó con mi mamá, ella estaría muy agradecida y contenta de que estemos con vida». Mostró un dibujo que hizo al llegar a Suecia a los 9 años, junto a su padre y hermano. Es un corazón donde dice «Mi madre es Vicenta Orrego Meza y ella es una buena madre, nos salvó la vida y quiero que ella viva, madre de mi corazón» y mirando a los imputados y a la funcionaria judicial imputada preguntó: «Me gustaría saber por qué me robaron la identidad, me gustaría saber la razón, ¿qué pasó con mi mamá Vicenta?
